La lluvia sobre los árboles, a través de la ventana del despacho.
Abro los ojos.
El juego de luces en la habitación es una
fotografía en una escala de grises esta mañana.
La ventana es un rectángulo
blanco perfecto. Hoy las nubes generan oposición entre el sol y las calles
llenas de charcos en el centro de Sevilla.
Ya puedo adivinar el olor a ciudad
mojada antes de salir de las sábanas y las flores de azahar por las aceras.
Ella se ha ido temprano. La imagino con la americana ocre y
los botines, andando a paso ligero para no llegar tarde a trabajar. Yo aún
estoy desnuda.
Imagino cómo su olor se mezcla con el aire, en un proceso
sinestésico. Todo en blanco y negro, menos el olor que emana su cuello que está
hecho de magentas, naranjas, pasteles.
Me despido, si es que acaso aún queda algo de madrugada en mis
pupilas, en mi ropa o en mi piel, aunque ya se haya ido.
Esta vez es distinto,
ahora que sé que quiero ser trapecista.